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Paco Rivano

Entrevistaban a Luis Rivano en su stand, en el marco de la Feria del Libro Usado. Desde su silla y con buena voluntad, respondía preguntas tantas veces respondidas. ¿Que porqué el libro le era importante, que qué joyitas tenía guardadas para esta feria, que cual pensaba era el valor del libro? En eso estaba cuando lo interrumpe sin el más leve asumo de un “buenas tardes” una señora regordeta de mediana edad, con tal indiferencia y apuro, le pregunta si tenía «El Nacionalismo Continental» de Joaquin Edwards Bello. Rivano, experto en el escritor porteño que exhibe en su local una importante cantidad de sus libros, le responde negativamente. Decepcionada ella, le pregunta que si no sabe dónde encontrarlo, a lo que él le recomienda preguntar en algunos de los stands hacia el interior de la feria. Ella le rebate que lo hizo y que no encontró nada. Rivano se encoge de hombros, como queriendo decir «Y que quiere que haga».

Ella medio pícara le pregunta si por esas cosas no tendrá el libro en su colección personal. Y él, arrepintiéndose, «Si, obvio que lo tengo, pero es mío». Ella sobrexcitada le dice, «Pues entonces no puede dejarme sin el libro, tiene que vendérmelo». Rivano le responde sonando como un niño, «No puedo, es mío». Molesta la señora, se da la media vuelta insinuando un desaire, y desaparece hacia el interior de la feria. No pasan más de 5 minutos, vuelve decepcionada cuando el entrevistador le preguntaba a Rivano que qué pensaba de la frase de que «Huevón el que presta un libro pero más huevón es el que lo devuelve». Interrumpe la señora, «Ya po’, no me haga esto, no sabe todo lo que he buscado ese libro». Rivano ni siquiera responde, solo le dice que tiene tantos otros libros de Edwards Bello. Y ella sin oírle: «¿Y usted sabe donde está enterrado?» «Si, en el Cementerio General, cerquita de Allende, no?», y ella: «Yo conozco la casa donde creció pueh». «¿La que vivió más tiempo será, en calle Santiago Domingo?» Y ella, “¿Y si me presta el libro y yo lo fotocopio?»
Y él espantado, «No, como se le ocurre…».
«Si pueh, me lo pasa, voy acá al frente, le saco copia y se lo traigo altirito».
«Que no no y no!».
Lejos de darse por vencida dice, «Entonces sáqueme la fotocopia usted y yo le pago». Rivano ni se dio la molestia de responder.
«¿Cuál es su opinión de ‘El Inútil’ de Jorge Edwards?», siguió ella.
«Buen libro, fiel a la vida de Jo…».
«¿Y usted sabe?» dijo ella, «¿donde llegó el primer Edwards a Chile?»
Y él, «A Valpar….».
«Porque no me lo presta? No me demoro nada en sacarle fotocopia».
«Que no, que ni se le ocurriera».
«¿Y usted, se leyó El Roto?», y él, pero claro, «me deprimió cuatro días».
«Ya préstemelo…sea buenito…»
Algo ya aburrido le lanza un rotundo «¡Que no!»
«Pero por qué no?» subiendo la voz,
«Porque los libros no se fotocopian!» sentencia Rivano.

Este es un diálogo real, entre una admiradora y Luis Rivano, narrador del mundo marginal, escritor, dramaturgo autodidacta, ex carabinero, y librero de San Diego. Ocurrió en el patio central de la sede Mac Iver de la Universidad Mayor, donde entre el 23 de enero y el 9 de febrero se celebra por los últimos 22 años la Feria del Libro Usado. En esta oportunidad 40 stands, 20 mil libros, y un homenaje a Nicanor Parra.