Our Blog

Toconce

Tomás Munita, Festival de la Limpieza de Canales en Toconce.

Nuestro anfitrión se demora en aparecer. Temo que haya olvidado nuestro compromiso dejando en vano las casi 2 horas de manejo desde San Pedro. Aparece a los 20 minutos disculpándose reiteradamente. Se capacitaba en el funcionamiento del primer generador eléctrico solar con el cual Toconce tendrá 3 horas de luz al día.

Al guiarnos por el pueblo, con el pecho inflado de orgullo, cuenta que lleva 8 años recorriendo sin éxito cuanta oficina pública existe. Los portazos los atribuye a la negligencia pública, a que no quedan más de 30 familias, y no más de 5 niños, y a que la agricultura de sus célebres terrazas en la actualidad no es más que de subsistencia, con lo cual constituyen un indicador poco interesante.

Nos invita a conversar a la sede social donde se discute el pasado, presente y futuro de Toconce. Los turistas son escasos, aún cuando en el baño en un pequeño letrero escrito en perfecto francés, se advierte a los visitantes que no deben botar los papeles en el escusado.

Los Géiseres del Tatio son administrados desde hace poco por la Comunidad de Toconce, junto a la de Caspana. Con ese dinero ha sido posible atender a las necesidades locales, entre otras la flamante cancha de fútbol a la entrada del pueblo. Aún así resulta imposible disponer de la brea suficiente para el techo de las casas, por ser cara y se cosecha en el altiplano, en lugares de difícil acceso. De ahí la presencia de tanto zinc en el pueblo, regalado por el mismo gobierno. Lo mismo ocurre con la piedra tradicionalmente utilizada en la construcción de las viviendas. Hoy por lo caras y difíciles de transportar fueron reemplazadas por bloques de cemento que anulan la estética urbana tradicional.

Son gente terca y luchadora. Necesitaban un camino que uniera al pueblo con el Tatio. Esfuerzo titánico si consideramos que el desierto está hecho esencialmente de roca pura. Esperar al gobierno alegan, hubiese significado demasiado, por lo que decidieron construirlo ellos mismos, con pala y picota, no restando hoy más de 7 kilómetros para terminarlo. Su recorrido es tan difícil como espectacular.

Recorrimos las casas y el borde superior del pueblo, siguiendo canales abundantes en agua pura. Lo hacemos al atardecer, cuando el ocaso cubre al pueblo de un tono naranja que parece prenderle fuego a las casas típicas, y a la mismísima iglesia, que celebran las paredes de terrazas hacia el fondo de la quebrada.

Abandonamos Toconce en plena noche por su acceso principal, hoy en excelente estado. El cielo dramáticamente estrellado que ilumina nuestro camino invita a detenerse en la berma a observarle. El camino es tan poco transitado que hace innecesaria la precaución.

Eso hacemos, apagando las luces, mientras hablamos de algún día volver a Toconce.